Capítulo 13 - Victoria

19 0 0

13 - Victoria

 

“Mientras la divinidad siga en su cielo, la humanidad seguirá contemplando su creación.”

Era lo que rezaba la enorme placa de bronce al fondo del vestíbulo. En ella también hallaba el logo de la cofradía, un ojo en espiral que parecía observar todo, incluso lo invisible, como la naturaleza de Ludovic, aquello que se escondía bajo ese traje de carne y huesos que llevaba usando desde hace mucho tiempo, pero ahí estaba, viéndose igual que un joven galo a la mitad de sus veintes.

El vestíbulo del claustro era una zona que Ludovic frecuentaba pocas veces, en parte por lo concurrido que del sitio, y por lo mismo a causa del ruido. Era un punto de interconexión entre los diferentes círculos y alas que conformaban el claustro, por lo mismo era común encontrarse con muchos folkloristas tanto humanos como cerberos. El circulo de pseudociencias y el ala galena era las únicas zonas que se encontraban un poco más lejos de ahí pero incluso se podían encontrar alquimistas y galenos transitando por el lugar.

La amplitud del vestíbulo, con su forma hexagonal, estaba contenida por altas paredes decoradas con pinturas místicas en su mayoría de estilo claroscuro.

El pisoasemejaba un gigantesco tablero de ajedrez que su superficie reflejaba los altos candelabros, el techo abovedado se sostenía por cuatro columnas, tres de ellas de aspecto humanoide, la cuarta destacaba por su textura lisa, a decir verdad parecía como si hubiera sido sustituida o modificada tiempo después de las otras.

Ludovic se le veía recostado en uno de los sillones victorianos de forro violeta, sus pies descalzos descansaban sobre uno de los reposabrazos mientras que en el otro apoyaba su cabeza. Había dejado sus sandalias bajo el sofá.

Estuvo a punto de salir completamente descalzo de su habitación tal como siempre acostumbraba caminar por el claustro, pero se imaginó la bronca que le haría Charlotte si se enteraba, ni siquiera llevaba su uniforme.

«Hice el esfuerzo suficiente» fue lo que se repetía aun en ese momento. Incluso le costó ponerse ropa interior, pero al menos desde que la malteada ya no le dolía el pene.

Aun con los ojos cerrados podía sentir las miradas de quienes cruzaban el vestíbulo. Ya de por si resultaba difícil ser cerbero, pero uno que se había quitado su collar sin los debidos permisos y no había sido amonestado... 

—La perra de NovaTec —escuchó a alguien decir por ahí.

El deseo de levantarse para mandar todo al carajo e irse a esconder a alguno de sus sitios se iba acrecentando en su interior. «La biblioteca no estaba tan lejos de aquí» pensó.

Se enderezó y se retiró sus grandes audífonos de diadema cuando escuchó el repique de dos pares de tacones acercándose, repiques que no se asemejaban a los que producía Charlotte cuando usaba sus tacones.

Vio detenerse frente a él a mujer morena alta, de cabello castaño quebrado, llevaba un vestido entallado de color menta que le cubría desde el cuello hasta las rodillas, sobre este portaba una bata clínica muy similar a la de NovaTec. El logo de pseudociencias se veía bordado bajo la solapa izquierda: la serpiente que trepaba el tronco de un árbol e intentaba devorar una estrella.

—Buen día Ludo —saludó Rose Mary.

—Hola Rose —respondió él con una ceja fruncida y la otra arqueada en gesto de confusión.

La doctora Rose Mary era la asistente y segunda mano de NovaTec, Ludovic ya no recordaba el caso en el que fue reclutada como alquimista hacía seis años pues él no estuvo involucrado, tan solo podía estar seguro que fue uno en Columbia y tuvo que ver con un conflicto de las guerras de occidente, muy similar a como se vio reclutada Charlotte solo que ella lo fue en un caso en Britania hace cuarenta años.

NovaTec congenió rápido con Rose Mary no solo por el hecho de que ambos eran médicos de profesión, también detectó aptitudes sobresalientes en ella por lo que decidió tomarla de aprendiz. No pasó mucho tiempo cuando ya se la veía ayudando en la administración del laboratorio en especial manteniendo a raya las ideas caóticas de NovaTec y apagando sus humos cuando alguno de los otros maestres llegaba a picar demasiado su temperamento. Los únicos que no temían al mal humor del ex-cerbero además de Rose Mary eran los maestres y el consejo.

—No me mires así, yo estoy igual de confundida —aseguró Rose antes de voltear hacia atrás donde se veía a una pelirroja pasear entre las columnas. Ludovic tardó un poco pero la reconoció del crucero—. NovaTec me pidió que los presentara, no quería que nadie de la perrera ni el consejo se involucrara más en esto. 

Ludo se encogió de hombros. 

—Por cierto, está un poco molesto, por no mencionarle que volverías a ser tutor, apenas se enteró hace unas horas.

Sus ojos se fruncieron en pesar al imaginar el rostro de NovaTec enojado. Aunque como se lo mencionó a él mismo, ya lo había ayudado demasiado. «La perra de NovaTec», volvió a recordar las palabras que le lanzaron hacía tan solo unos momentos.

Tanto Rose como Ludovic se mantuvieron observando a la pelirroja, esta seguía vagando entre las columnas, prestando especial atención a la que representaba a Salomón el primer fundador y patrono de los folkloristas.

La piel color durazno de la joven contrastaba con la intensidad del rojo en su cabello. Vestía en tonos oscuros siendo su blusa la única prenda blanca en ella. En cierto momento notó las miradas y se volteó haciendo que se sacudiera su cabello. Ludovic también no tardó en notar el collar de obediencia que se ajustaba alrededor de su cuello, collar que no lo había visto portar en el Leviatán.

—Por favor… —escuchó decir a Rose.

—Ya lo sé —la interrumpió tratando de contener un tono de fastidio—. No hagas nada que decepcione a NovaTec ni nada que enoje a Charlotte —repitió como si estuviera citando un texto.

—Iba a decir que le tuvieras paciencia, pero sí, eso también.

Rose hizo un gesto para llamar la atención de la pelirroja, después de entornar la mirada y fruncir los labios se acercó con cierto recelo. Una vez estuvo frente a ellos sus facciones se hicieron más evidentes, en especial sus ojos ámbar. La chica exudaba belleza, como si hubiera salido de una revista de modas.

—Ludovic, te presento a Victoria de Alba, como sabrás acaba de unirse a los cerberos —la médico encaró a la joven— Victoria, él es Ludovic Valmont, nuestro peculiar íncubo y miembro de avistamientos.

Ludo asintió con la cabeza en un saludo sencillo el cual Victoria no correspondió, en su lugar desvió su mirada, esta vez hacia el pilar que representaba a Noah, otra de las fundadoras de la cofradía.

Se hizo silencio entre los tres, uno que solo se interrumpía por los pasos de los folkloristas que seguían pasando por el vestíbulo. Solo pasaron unos segundos antes de que Victoria regresara a caminar por entre las columnas.

—Ok… —dijo Rose mientras la veía alejarse— Las órdenes vienen de arriba, pero aun así no logro entender por qué te pusieron de tutor con una maleficarum. Ni siquiera NovaTec pudo intervenir —su rostro se congeló por un instante y revisó la pantalla de su reloj de folklorismo, arqueó las cejas en evidente preocupación—. Hablando del diablo, ya debería regresar al muelle de los caminos. Antes de venir para acá NovaTec se veía a punto de colapsar del estrés, y ya no hallo donde esconderle sus refrescos de uva, se que tiene inmortalidad pero no de la que le exime de desarrollar diabetes.

Rose le dio una última mirada a Victoria, luego a Ludovic, este ya se había puesto sus sandalias. La doctora estaba a punto de despedirse cuando pareció recordar algo.

—Cierto, casi lo olvido.

Metió una mano dentro de uno de los bolsillos de su bata y extrajo un objeto redondo metálico del tamaño un poco más grande que el de una pelota de tenis. Deslizó su indice un par de veces sobre la pantalla de su reloj y el artefacto comenzó a zumbar y a emitir un sonido muy a la estridulación de un grillo. La esfera se elevó en el aire mientras giraba sobre sí misma hasta que reveló el lente de una cámara.

—¿Un dron yi-mini? —preguntó Ludovic aún más confundido—, ¿por qué?

El dron flotó sobre Ludovic luego sobre Victoria quien al verle quiso tocarlo con uno de sus dedos esmaltados, la esfera se alejó hasta volvió a quedar flotando sobre la cabeza de Ludo, le enfocó y volvió a producir la estridulación mecánica.

—Tampoco tengo idea por qué —aseguró Rose encogiendose de hombros—, supongo que alguien del consejo quiere ver cómo se desarrolla esto.

Ludovic levantó la mirada y vio como el dron le enfocaba sus ojos. Frunció sus pobladas cejas antes de suspiró con resignación.

Rose ahora si se despidió no sin antes lanzarle al íncubo una última mirada suplicante, aquello solo hizo que aumentara más su fastidio, no necesitaba que le recordaran que se encontraba caminando sobre una cuerda floja.

El cerbero se quedó observando en dirección del corredor por el que se fue Rose Mary. Lo que más le molestaba es que tuviera que ser tutor de una maleficarum, él era un asesino, su especialidad era el combate con katanas o con lanza de doble filo en su defecto, era incapaz de utilizar su magia a menos que no tuviera su collar lo cual era casi nunca.

Justo en la noche después de su revisión, Ludo cayó en cuenta de que Charlotte no había sido la primera en verse afectada por sus imprudencias, NovaTec ya se había envuelto en problemas por defenderlo, de no ser por la mente y sus habilidades cientificas NovaTec también ya habría sido eliminado hace años, desde que Ludo lo conoció fue evidente que el médico tenía un serio problema con la autoridad.

Ludovic ahora se preguntaba por cuánto tiempo más el cerebro de NovaTec podría mantenerlos a salvo.

El zumbido mecánico del yi-mini lo sacó de sus pensamientos.

Vio Victoria entre las dos últimas columnas, la del tercer fundador Moises, y la de superficie lisa. Ludovic caminó hacia la nueva cerbero seguido del yi-mini. El suéter que llevaba no tenía bolsa canguro como los que solía usar, así que metió las manos en los bolsillos de su pantalón gris de algodón. Se meció sobre sus talones esperando alguna reacción de la pelirroja que nunca llegó; ella seguía observando todo menos a él.

—Pues... hace mucho que no hago esto —dijo tras un largo silencio—. Supongo que podemos empezar por aquí —continuó a pesar de seguir siendo ignorado—. Ni me preocupo por explicar quiénes son estos porque ni me acuerdo —dijo señalando a las tres figuras que formaban las columnas—. Solo sé que el tuerto es Salomón y que eso de ahí es su ojo perdido—apuntó hacia la enorme placa de bronce que representaba el escudo de la cofradía, el enorme ojo en espiral—. creo que se lo sacrificó a alguien a cambio de algo… pero quién sabe, eso ya te lo explicaran en la academia.

Ludovic giró para descubrir que Victoria ni siquiera estaba cerca de él, esta seguía con su atención en el dron que ya ni siquiera se la enfocaba, su lente seguía solo en el íncubo.

Recordó las palabras de Jolane acerca de que la tutoría también era una prueba para él.

Victoria encaró a Ludo y luego al dron, también se había dado cuenta de que no era a ella a quien querían mantener vigilada.

—¿Celosa? —preguntó antes de extender su sonrisa y hacer aparecer sus hoyuelos debajo de su barba incipiente—, ¿creíste que las cámaras eran para ti?

—Ugh…

Victoria torció los ojos al tiempo que daba la espalda. Se alejó del centro del vestíbulo hasta tomar asiento en un sofá justo el mismo de forro violeta en el que el que estuvo recostado Ludovic.

Comenzó a entender la razón por la que Rose le rogó tanto que tuviera paciencia.

Era sabido que los cerberos recién reclutados solían tener problemas para adaptarse, Ludo pasó por eso y a veces sentía que aun se seguía adaptando. Se detuvo a un par de metros de Victoria, recargándose en la pared junto al sofá, tamborileó los dedos sobre su collar en su habitual tic.

—Como ya te diste cuenta, este es el vestíbulo, la zona más interconectada del castillo y la que comunica con el exterior de la montaña —Ludo señaló uno de los pasillo, el más ancho de todos. Si se prestaba la debida atención se podía percibir una sutil corriente de aire—. Llegaste aquí a través de los caminos, ese es el medio que más utilizamos para movernos por el mundo, pero aquí también tenemos un tranvía, aunque solo se usa para bajar a la villa.

Ludo no había acabado de hablar cuando Victoria ya se había levantado. La pelirroja usaba tacones más delgados que Rose, pero en tan solo unas zancadas ya se hallaba apresurada en dirección del pasillo señalado, Ludo solo se limitó a observarla cuando esta casi hace caer a un par de fokloristas del circulo de vanguardia al cruzar a través de ellos. Presionó el puente de su nariz y suspiró antes de ir tras ella a ritmo pausado.

«Va a ser un día muy largo», pensó después ponerse sus audífonos y darle play al reproductor de música de su celular, esta vez sonaba una playlist de pop.

Please Login in order to comment!